Arte BS

Eduardo Úrculo

Santurtzi (Bizkaia) 1938 — Madrid 2003

Nacido en el País Vasco, cerca de Bilbao, poco tiempo después la familia de Eduardo Úrculo se trasladó a Sama de Langreo (Asturias), donde el pintor pasaría su infancia, adolescencia y  primera juventud. En 1957 se marchó a Madrid gracias a una beca del ayuntamiento de Langreo, que le permitió asistir a las clases del Círculo de Bellas Artes. En Madrid acabaría fijando su residencia, a pesar de pasar largas temporadas en el principado asturiano y, paralelamente, también hizo numerosos viajes, entre los cuales cabe destacar la estancia en París (entre 1959 y 1961), donde conoció al crítico de arte y pintor Eduardo Westerdahl, y la visita a la exposición de arte pop en Copenhague en 1967.

Galardonada con el Premio de Pintura Joven de París, la Medalla de Bronce en la V Bienal de Alejandría y la Medalla de Oro del Salón Nacional de Grabado y Litografía de Madrid, entre otras distinciones, su obra pasó a integrar colecciones tan destacadas como las del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma, el Musée d’Art Moderne de la Ville de París y la Fundación Juan March de Madrid.

Después de una primera época heterogénea caracterizada por un rico y fuerte cromatismo, en la que se van alternando el realismo social, el expresionismo e incluso la abstracción, el contacto con el movimiento del arte pop en 1967 marcó definitivamente su estilo. En esta segunda etapa, la obra de Úrculo se acercó a la del artista norteamericano Tom Wesselmann, tratando principalmente la mujer desnuda, como símbolo de la fecundidad, en escenarios lujosos, unas obras cargadas de erotismo y de ciertas reminiscencias modernistas que eluden, sin embargo, la frialdad. A principios de los años ochenta su obra tomó un nuevo rumbo y se alejó de la esencia del arte  pop en el ámbito conceptual, para acercarse a una tendencia neorromántica en la que su autorretrato de espaldas toma contacto directo y subjetivo con la realidad. Se trata de una pintura mucho más cercana e íntima, características que incluso puede apreciarse técnicamente (dejó de lado el aerógrafo para volver a la pintura de pincel).

Precisamente a esta última época pertenece Brooklyn Bridge. La poética y representativa imagen del artista dando la espalda al espectador (característica de estos últimos años), contemplando una de las más emblemáticas vistas de Manhattan, nos da la visión de un artista abierto al mundo, pero a la vez introspectivo; abierto a una ciudad cuyo paisaje sublime sería una rica fuente de inspiración, pero a la vez manteniendo un cierto distanciamiento. Técnicamente, cabe destacar los vigorosos contrastes tonales, propios del movimiento pop, pero también el uso de la técnica divisionista en el reflejo del agua, que nos acerca a soluciones más cálidas.

  • Eduardo Úrculo Brooklyn Bridge 
    Acrílico sobre lienzo
    120 x 140 cm