Tocar Lejanías _ Colección de Arte Banco Sabadell
11.02.2025 - 11.05.2025
Sala de exposiciones Sabadell Herrero
Oviedo
Un delicado verso
dibuja un gesto minúsculo, pausado, insólito. La intención de tocar inclina el cuerpo hacia delante para aproximarse. Sin embargo, la lejanía sitúa el objetivo de nuevo en la distancia. Bajo la figura retórica del oxímoron se contraponen dos términos opuestos creando una tensión: un impulso en dirección a un territorio desconocido y a la vez, un ideal difícil de alcanzar.
La audacia de este gesto
reside en insistir: el deseo de explorar más allá del horizonte se conjura en una búsqueda constante. Apenas se roza la lejanía, esta se desliza trasladando los límites un poco más allá. Desde este poco más allá avanzamos y conseguimos atisbar un nuevo contorno, una nueva búsqueda. Una oscilación que parece decantar el viaje hacia aquello que se desea y se desconoce al mismo tiempo.
Podríamos entender el movimiento
—aparentemente leve en su trayecto físico, pero ingente en aquel que se opera en la mente—, es el mismo movimiento que el arte propicia y genera. Tocar lejanías es acaso una metáfora precisa para referirnos a la creación artística y su naturaleza humana: un impulso constante por acercar lo que escapa a nuestras manos, a nuestra razón y su relación con lo intangible. Quizás sea un movimiento con el que rozar apenas un fragmento de infinito. El arte urge a recorrer una distancia, por pequeña que sea; permite acceder a territorios y contextos distantes y desconocidos.
A continuación, presentamos un recorrido
por algunas de las obras de la Colección de Arte del Banco Sabadell que parten de esta premisa. Una amplia selección de obras sobre papel que nos invitan no solo a tocar lejanías, sino incluso osar prenderlas en un instante fugaz de lucidez.
El papel ha sido y sigue siendo
un material inigualable como soporte y substancia de las obras de arte. Confiere una cualidad táctil que acerca el ojo a la superficie de una piel porosa, que respira y hace vibrar la textura de sus fibras y todo aquello que se deposita en ella. Pero al mismo tiempo, podríamos decir que trasciende el cerco de la materialidad para alojar una proyección, una ilusión o una premonición. Es decir, anida una lejanía en la inmediatez de su seno. El soporte de papel es un tamiz que filtra y aloja tal distancia, tal filigrana del camino emprendido. Así conviven en el papel la proximidad del tacto y la lejanía de una visión más allá de su superficie.
PREÁMBULO
Inicia el recorrido una obra miniada
de Joan Ponç que parece reflejar fielmente el título de la exposición. Un vínculo inesperado, como si hubieran estado hechos el uno para el otro, el uno con el otro. Precisos y preciosos en su complicidad. En la obra de Ponç, un ser suspendido en limbos ocres y pardos extiende el brazo hacia una amalgama de vísceras que parecen haber salido de su mismo cuerpo. Una maraña que revolotea en tumulto ante sus ojos y expone abiertamente su propia vulnerabilidad. Un cordón umbilical recorre el trayecto inmenso entre ambos entresijos, interior y exterior. Se aproxima con deseo y prudencia, al ver las mismas entrañas expuestas a la luz, al desconocer lo que dictan. Acaso sea aquello que conforma y alberga el cuerpo la lejanía más lejana. Una maraña de tripas, emociones, aun indescifrables, si provienen de la interrogación vital de un ser humano ante sus dudas. Un ser en suspense para con lo que siente. La lejanía para con uno mismo nos coloca ante un enigma, tanto para diseccionarlo como para agrandarlo.
A partir de este preámbulo,
la exposición se estructura en diversos planos por los que se desliza tal lejanía. Lejanías a las que aspiramos y nos aproximamos en un viaje constante por conocer, por tocar, por prender el misterio de su inasibilidad. El arte se acerca a esta postura de enlace, de vínculo, de transición y posición móvil en perpetua revisión.